revolución social
  • Capitalismo “ecológico” vs consumo responsable, por Alonso Abal.

    La avaricia desmedida por la que se rigen los mercados, especialmente desde finales de los años 70 del siglo pasado, ha llevado a las rentas del capital a derivar sus especulaciones hacia nuevos sectores como los biocombustibles, el sector alimentario y a la privatización del medio natural, del aire, el agua e incluso de los organismos vivos.

  • La acción económica: Invirtiendo en revolución social

    La acción económica: Invirtiendo en revolución social

    Hay mucho escrito sobre la represión policíaca del Estado pero en lo relativo a la represión económica estamos todavía casi en blanco. La represión se alimenta del miedo. Generalmente, del miedo a ser atacadas, torturadas, enjauladas… La represión económica se alimenta concretamente del miedo a la escasez. Y no hay que desdeñar el poder paralizante de este miedo en sociedades capitalistas occidentales como la nuestra, mal criadas durante décadas en la banalización del consumo y la acumulación espectacular de la mercancía. La amenaza de la escasez es mucho más aterradora para quienes hemos atravesado estos espejismos de abundancia o, más bien, hemos sido atravesados por ellos.

  • La vida eterna, un invento de los faraones

    La vida eterna, un invento de los faraones

    ¿La muerte es el final? Y si no lo es, ¿qué nos depara? La humanidad lleva toda la humanidad, y valga la redundancia, intentando resolver esta cuestión, ya sea mediante concepciones religiosas o filosóficas. Incluso la ciencia, desde que es ciencia, no ha parado de buscar sus propias respuestas. Los estudios al respecto no cesan. Uno de los últimos, hace apenas unos meses, de la Universidad de Southampton, llegó a la conclusión de que la vida seguía después de la muerte. Para ello, los investigadores analizaron 2.000 casos de personas que habían sufrido un paro cardíaco.

  • Necesitamos una nueva filosofía del envejecimiento

    Necesitamos una nueva filosofía del envejecimiento

    El “viejo” entra en una categoría social excluyente y definitiva. Es profundamente triste que toda su generación pase viviendo en la amargura de sentirse dejados de lado  sus últimos años que hubieran podido ser  tan  fecundos. Y es degradante sentirse clasificados solo como personas que necesitan atenciones. Rebajados a devenir un número más en la seguridad social.

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