Cómo acabar con el modelo insostenible de Agricultura Capitalista (II)

 

 Viene de la Parte I

Un movimiento social emergente que tiene tales preocupaciones, aparentemente inconexas, necesita de una detallada explicación, y de hecho hay una: el movimiento de los alimentos representa un profundo cambio de filosofía.

 

La idea que viene dominando en la política internacional relacionada con los alimentos, especialmente después de 1945, es la de que la comida es una mercancía (cuando no un arma) y la agricultura un negocio. En consecuencia, no tendría mucho que ver con el medio ambiente o la salud. Esta conceptualización que se agota en el aspecto económico es una extensión ideológica de la corriente filosófica occidental dominante, que es la de la Ilustración europea. El principal criterio de esta filosofía es el atomismo y el mecanicismo, lo que significa que en el mundo formal y oficial de los negocios, el Gobierno, la Ley, la educación, etc, serían fenómenos desconectados hasta que se demuestre lo contrario, y por lo general se acepta que ha sido algo comprobado por la Ciencia.

Las evidencias de esta forma de pensar están presentes: separación de los Ministerios de Salud, Agricultura, que se distinguen del de Medio Ambiente. La reducción de los alimentos a una materia prima industrial medible por el rendimiento o por las ganancias es otra de las evidencias. Esta Ideología permite que la Industria Agrícola tenga muchas exenciones en la legislación sobre contaminación, y los médicos no reciben educación en nutrición. Privilegiar los requisitos de la salud y las necesidades alimenticias de una especie (el hombre), solamente de algunos de ellos, por encima del resto de organismos es uno de sus pilares.

Los ciudadanos de los países “modernos” están rodeados en su vida cotidiana de unas instituciones y unas prácticas cuya racionalidad se funda en la Ideología de la desconexión. Gracias a nuestra educación, consideramos este estado como algo natural, a pesar de que ha aparecido hace poco y era algo exclusivo de la sociedad occidental.

Al contrario, el movimiento de los alimentos se fundamenta en unos supuestos muy diferentes, que se pueden resumir de la siguiente manera: que el propósito de la vida es la salud y que la manera más adecuada y justa para que el hombre se mantenga saludable es maximizando la salud de todos los seres vivos, y la forma más efectiva de hacerlo es a través de los alimentos.

Estas ideas derivan de la experiencia práctica. El movimiento de los alimentos ha llegado a comprender ciertas observaciones: el potencial del compost para mejorar el crecimiento de los cultivos y la importancia del suelo, los beneficios para la salud humana de una dieta variada, la posibilidad de sistemas de cultivo sin el uso de productos sintéticos, son algunas de ellas. También se han señalado las estrechas y evidentes relaciones entre la salud, la agricultura, el bienestar animal y el medio ambiente. Estas conexiones permiten establecer un círculo beneficioso en que los cultivos ecológicamente más sanos generan también los alimentos más sanos y de mayor valor nutritivo. Estos cultivos son también los más productivos. Para ver algunos ejemplos puede consultar aquí y un ejemplo sobre el arroz, aquí.

A excepción de las consideraciones subjetivas (como el aprecio de ciertas cosas), no hay nada de científico en estas afirmaciones.

Estamos familiarizados con la narrativa neodarwinista de la vida considerada como una constante competencia, pero esta interpretación se enfrenta a una verdad de mucha mayor relevancia sobre la vida: que antes de que pueda existir competencia, primero tiene que haber al menos dos organismos. La vida puede, y lo hace muy a menudo, existir sin competencia entre los organismos, pero la competencia no puede existir sin la vida. En otras palabras, la visión neodarwinista es obsoleta porque trivializa la biología. La filosofía del movimiento de los alimentos modifica este punto de vista: la vida se desarrolla en presencia de otras formas de vida. Hay muchas pruebas para afirmar esto: decenas de millones de especies de la tierra mantienen una interdependencia entre sí. No podría existir una sola especie si las demás desaparecieran. Por ejemplo, las plantas y las algas emiten oxígeno, algo que necesitan todos los animales. Los animales comen plantas y algas, pero expulsan nitrógeno y fósforo, algo que todas las plantas y algas necesitan.

Del mismo modo, a nivel de los individuos, si somos capaces de mirar más allá de una simple visión mecanicista de la biología, que defienden célebres científicos como el neodarwinista Richard Dawkins, que se hizo conocido por denominar a los organismos “torpes robots”, podemos señalar que todos los organismos biológicos, de hecho, se autooptimizan y se autoreparan. Por lo tanto, tienden a maximizar su vigor y salud, a menos que, como suele ocurrir con frecuencia, se les impida hacerlo de manera activa (por ejemplo, por un entorno limitado o por una dieta deficiente).

De modo que la filosofía inmanente en el movimiento de los alimentos imagina la vida de una forma completamente diferente. Hay una gran diferencia entre ver la naturaleza como lo hacen los biólogos racionalistas, como una especie de robots que sucumben lentamente entre los dientes y las garras de una naturaleza viciada, en comparación con las interacciones, sobre todo de mutuo beneficio, entre sistemas vibrantes y dinámicos. Frente a la triste realidad ofrecida por los supuestos racionalistas, como las recientes investigaciones han demostrado, esta filosofía se ajusta mejor a los hechos que la visión neodarwinista. Prisioneros de su Ideología, los neodarwinistas han pretendido convertir en verdad un mensaje que solo circulaba por sus cabezas.

Los orígenes de la filosofía de los alimentos

La filosofía del movimiento de los alimentos tienen tres antecedentes notables. Uno de ellos es el célebre argumento del filósofo antiespecista Peter Singer que recoge en su libro Liberación animal, señalando que los seres humanos tienen el deber de cuidar a todos los animales, con la diferencia fundamental de que el movimiento de los alimentos amplia este argumento de Singer a todos los organismos, no sólo los animales.

El segundo antecedente es la teoría de Gaia, que propone que las formas de vida crean y mejoran sus propias condiciones de vida. La principal diferencia es que la filosofía de los alimentos aplica esta tesis a todas las escalas, sobre todo al suelo y al entorno.

El tercer antecedente es Barry Commoner y sus cuatro leyes de la ecología. La segunda y la tercera ley son consistentes con la filosofía del movimiento de los alimentos. Sin embargo, la primera ley de Commoner habría que modificarla, la que dice “que todo está relacionado con todo lo demás”. La razón es que todas las cosas no están conectadas entre sí de la misma manera, la mayoría de las conexiones se producen principalmente a través de los alimentos. La cuarta ley dice: “Nada es gratis”. Esta ley se contradice categóricamente con el círculo virtuoso señalado anteriormente. Todos los sistemas ecológicos generan sinergias y las sinergias entre los organismos no tienen coste, por lo que, con la excepción de choques ocasionales como impactos de meteoritos, la diversidad de especies y la productividad biológica de la tierra ha ido aumento durante eones.

Como toda filosofía, la defendida por el movimiento de los alimentos implica unas consecuencias prácticas. Se trata de una tarea que implica a todo el sistema alimentario, o cualquier parte de él, como los cultivos agrícolas, para maximizar los aspectos positivos de cada componente, por lo que el círculo puede llegar a ser cada vez más beneficioso. Del mismo modo, el movimiento de los alimentos cree que hay una espiral descendente, un empobrecimiento biológico que termina en la aparición de una zona desertificada. Tales consecuencias negativas tienden a ser ignoradas, de modo que muchos Gobiernos y algunas empresas parecen empeñadas en ello, incluso de un modo entusiasta.

Por lo tanto, la filosofía de los alimentos representa una parte importante de la filosofía que ha aparecido frente a la visión racionalista de la vida y la biología, que a los propósitos prácticos representa el universo en que vivimos. Esto pone de manifiesto lo mucho que la Ilustración no llegó a iluminar. Los filósofos de la Ilustración utilización como principio fundacional el “pienso, luego existo”, como una justificación para hacer oídos sordos de todo el pensamiento anterior. Luego afirmaron que sólo las herramientas lógicas y el razonamiento deductivo podrían servir para lograr nuevos conocimientos y superar tiempos anteriores. Pero esta presunción olvidaba otras cosas. Poco a poco el influyente filósofo de la ciencia Paul Feyerabend fue exponiendo los tumores filosóficos que ejemplificaban la pobreza del razonamiento filosófico abstracto. [Contra el método. Esquema de una teoría anarquista del conocimiento].

La filosofía del movimiento de los alimentos entra por tanto dentro de una tradición anterior a la Ilustración, unos principios que surgieron de la observación del mundo. No pregunta: ¿qué nos dice el pensamiento racional acerca de cómo debemos vivir?, sino que se pregunta: ¿qué nos dice la naturaleza sobre cómo debemos vivir?. Esta es la razón por la cual la filosofía del movimiento de los alimentos es una Ideología diferente del Neoliberalismo o el Comunismo; más bien se trata de la ausencia de Ideología. Mientras que el Neolibealismo, el Comunismo y el Socialismo son productos de la Ilustración, la filosofía de los alimentos no lo es, ya que se asienta lo más directamente posible en la tierra.

Simplificando, podríamos resumir la filosofía de los alimentos, más o menos, de la siguiente manera:

1) Las interacciones biológicas permiten la aparición de sinergias entre nuestra salud y la productividad del sistema, que pueden ser aprovechadas para unas buenas prácticas agrícolas.

2) Estas interacciones biológicas se producen sobre todo a través de los alimentos, lo que representa la energía química que pasa por el sistema.

Esta filosofía se hace significativa de dos maneras: en primer lugar, explica, en términos generales, la forma, estructura y composición del movimiento de los alimentos; en segundo lugar, predice el probable impacto del movimiento de los alimentos en el sistema alimentario y la sociedad en su conjunto.

Siga leyendo en la Parte III

https://noticiasdeabajo.wordpress.com/2016/09/23/como-acabar-con-el-modelo-insostenible-de-agricultura-capitalista-ii/

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