Liberalismo y socialismo

por Juan Manuel de Prada
Una de las afirmaciones que más enervan a la gente enzarzada en los debates inanes de la demogresca (por eso yo disfruto como un enano repitiéndola) es que el liberalismo y el socialismo, con las infinitas escuelas o chiringuitos epigonales nacidos a su rebufo, comparten un mismo «núcleo místico». Y que lo mismo ocurre con las respectivas doctrinas económicas que prohijaron, capitalismo y comunismo.

A los ingenuos que rechacen esta afirmación les recomiendo la estupenda entrevista que Jorge Bustos le hizo hace un par de semanas a un inteligentísimo Íñigo Errejón (publicada en la tercera página de este artículo). Allí Errejón lanzaba un ditirambo exultante del liberalismo, al que calificaba como «la primera doctrina nacional y popular de España», con «un principio emancipador brutal». Y proseguía Errejón: «Luego el socialismo trata de llevar esos principios liberales un poco más allá. No los refuta: los adopta y los amplía. No choca con el liberalismo: lo desarrolla». Por supuesto, la caracterización del liberalismo como «primera doctrina nacional y popular de España» es completamente peregrina. Pues si ha habido una doctrina política verdaderamente popular en España ha sido, precisamente, el antiliberalismo, como prueban el rechazo heroico del pueblo español primero a la dominación napoleónica y luego a las sucesivas usurpaciones liberales. Pero aquí no nos interesa tanto refutar falsificaciones históricas como resaltar que, en efecto, la izquierda abraza y considera propios los principios del liberalismo, que a la postre -como nos enseña Castellani- son fundamentalmente idolatrías: idolatría del progreso, encargado de instaurar un nuevo paraíso terrenal; idolatría de la ciencia, con la cual el hombre quiere hacer otra torre de Babel que llegue hasta el cielo; idolatría de la carne, para convertir a los hombres (¡y mujeres, oiga!) en chiquilines sin prole, engolosinados con una sexualidad plurimorfa.... Idolatrías todas, en fin, que se resumen en una obsesión monomaníaca por la libertad, que -remata Castellani- «vino a servir maravillosamente a las fuerzas económicas y al poder del Dinero, que también andaban con la obsesión de que los dejasen en paz. Y los dejaron en paz: triunfaron sobre el alma y la sangre la técnica y la mercadería; y se inauguró en todo el mundo una época en que nunca se ha hablado tanto de libertad y nunca el hombre ha sido en realidad menos libre».

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Errejón, que en la entrevista proclama con entusiasmo su adhesión al liberalismo político, pone sin embargo distancia con su plasmación económica, que denomina «neoliberalismo» y no «capitalismo» (supongo que por no espantar a los lectores sistémicos o moderaditos). Pero Marx dejó escrito que el comunismo procede del capitalismo y se desarrolla históricamente con él; y es que, en efecto, el comunismo -que es un epifenómeno reactivo a la libertad enloquecida del Dinero- es, como el propio liberalismo, hijo del racionalismo del siglo XVIII, que produjo el contrato social y el laissez faire. Capitalismo y comunismo, como nos enseña Chesterton, poseen una misma alma, que es el despojo de la propiedad; y sólo se distinguen en la identidad del ladrón, que en un caso es la plutocracia acaparadora y en otro el Estado Leviatán.

El liberalismo, con su «principio emancipador brutal», genera un espejismo euforizante de libertad política que termina siendo inestable, porque choca con la falta de libertad económica del capitalismo (que concentra la propiedad de los medios de producción en unas pocas manos, convirtiendo a la mayoría de la población en asalariados sin libertad económica). ¿Cómo salvar esta contradicción que, a la larga, haría inviable el capitalismo?

https://www.religionenlibertad.com/opinion/349710164/Liberalismo-y-socialismo-I.html


Para salvar su propia inestabilidad, el capitalismo podría recurrir a una solución drástica, la tradicional o distributista, consistente en poner la propiedad de los medios de producción en manos de una mayoría social; o bien a una solución «mitigada» (que es la que le conviene para sus mangoneos), consistente en que el Estado sea vigilante de los estragos del capitalismo. Así se alcanza esa simbiosis entre capitalismo y comunismo que Belloc denominaba «Estado servil» y que los modernos llaman «socialdemocracia» (si tiran hacia el negociado de izquierdas) o «social-liberalismo» (si tiran hacia el negociado de derechas). Y es que, a la postre, como señala Belloc, «el experimento colectivista se adapta completamente a la sociedad capitalista a la que se propone destituir. Trabaja con la maquinaria que le proporciona el capitalismo, habla y piensa con los mismos términos del capitalismo, invoca exactamente los apetitos despertados por el capitalismo y ridiculiza, calificándolas de fantásticas e inauditas, aquellas cosas de la sociedad cuya memoria mató el capitalismo en el alma de los hombres, allá donde llegó su flagelo».

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El capitalismo, para corregir su equilibrio inestable, necesita que el comunismo asegure a las masas despojadas de los medios de producción «la satisfacción de unas necesidades vitales y un nivel mínimo de bienestar». Pero esta amalgama, para ser plenamente efectiva, necesita fomentar la «anarquía moral». Pues -prosigue Belloc- «siempre resulta ventajoso para el rico negar los conceptos del bien y del mal, objetar las conclusiones de la filosofía popular y debilitar el fuerte poder de la comunidad. Siempre está en la naturaleza de la gran riqueza (...) obtener una dominación cada vez mayor sobre el cuerpo de los hombres. Y una de las mejores tácticas para ellos es atacar las restricciones sociales establecidas». De ahí que en los Estados serviles (amalgama de capitalismo y comunismo) sean tan importantes los «derechos de bragueta», igualmente exaltados por liberales y socialistas.

Y todo ello tiene su origen en ese «principio emancipador brutal» (Errejón dixit) del liberalismo, que con sus consignas de soberanía y autodeterminación convirtió a las naciones históricas tradicionales en un avispero de nacionalismos a la greña, y a los hombres que las formaban en chiquilines agitados y caprichosos. Así se sustituyó la solicitud amorosa del bien común, fin primordial de la política tradicional, por la devorante apetencia de derechos individuales que rompieron los vínculos comunitarios entre los hombres, que desde entonces se guiaron por la obtención del placer y de sus pretensiones egoístas. Esta disolución de los vínculos comunitarios dio lugar a una sociedad de individuos engreídos de su autonomía personal, ahítos de libertad, borrachos de derechos, que resultan muy mollares y manejables para las fuerzas del Dinero. Y esos individuos mollares y manejables terminan encumbrando a los políticos socialistas, que son los que más eficazmente reparten los placebos que aseguran la dominación del Dinero: subvenciones y subsidios por un lado; derechos de bragueta por otro. Así los pueblos se convierten en masas cretinizadas que hociquean en la pocilguita.

A la postre, como explicaba Castellani, el liberalismo consigue que «un grupo de socialistas, bajo la coartada de la adoración del Hombre, gobiernen el mundo con poderes tan extraordinarios como no los soñó Licurgo». De ahí que Errejón, que sabe perfectamente que el liberalismo crea las condiciones sociales, económicas y morales óptimas para el triunfo de la izquierda, lo ensalce sin dobleces y afirme sinceramente que el socialismo no refuta los principios liberales, sino que los hace propios y los desarrolla.

https://www.religionenlibertad.com/opinion/834313535/Liberalismo-y-socialismo-y-II.html


Errejón: "Hay claramente un espacio para otra fuerza progresista no sectaria"

El líder de Más Madrid quita importancia a los rumores que apuntan a la creación de un partido nacional que consumaría su venganza contra Podemos.

9 socialismo y liberalismo 4El líder de Más Madrid, Íñigo Errejón, durante la entrevista. JAVI MARTÍNEZ
Editorial. El enigma Errejón en el tablero nacional
Íñigo Errejón es un político mestizo. Y por tanto afable para unos, impostor para otros y equívoco para la mayoría. Él quita importancia a los rumores que apuntan a la creación de un partido nacional que consumaría su venganza contra Podemos. Venganza que para muchos empezó cuando se impuso en la batalla de Madrid.

¿Qué nombre le gusta más para un partido nuevo, Más País o Más España?
Más Madrid. Somos una fuerza política madrileña con medio millón de votos y tenemos que construirnos en Madrid. Los rumores sobre la posible extensión de Más Madrid más allá de los límites de su propio nombre obedecen fundamentalmente a los nervios de quienes están negociando la investidura. Quiero dejar claro que yo quiero que lleguen a un acuerdo sin dejarse los deberes para septiembre.


¿Y los movimientos de lo que llaman el errejonismo hacia Equo, Compromís, 'comunes' o anticapitalistas andaluces?
Nosotros hemos sido compañeros de candidatura de Equo y queremos seguir siéndolo. Y siempre hemos tenido mucha simpatía política y personal con Compromís, pero ellos son una formación de la Comunidad Valenciana y la nuestra es madrileña. Con Teresa me separan ideológicamente muchas cosas pero practica lo que defiende. Adelante Andalucía está haciendo un camino y nosotros otro en Madrid que, eso sí, demuestra que hay posibilidad de que fuerzas progresistas transversales, amplias, no sectarias, con más vocación de innovación que de melancolía saquen buenos resultados. Un 15% en Madrid es humilde pero no está mal. Hay claramente un espacio, aunque no hemos conseguido nuestros objetivos en Ayuntamiento y Comunidad.


¿Descarta que a las próximas generales, sean en noviembre o en 2023, concurrirá una lista nueva encabezada por Íñigo Errejón?
En política he aprendido a no descartar casi nada. Pero no estamos en eso sino en construir Más Madrid. Que eso luego sirva de inspiración para otros lugares nos alegraría, pero los tiempos de la política y los de la actualidad no son los mismos.
O sea que zanjamos estos rumores sobre su nuevo partido como un intento de presión de Sánchez sobre Iglesias.
Hay una parte de eso sin duda. Pero puede que haya gente que de buena voluntad lo espere, o lo desee. En un momento de expansión de PSOE, nosotros hemos sacado un resultado sin parangón desde posiciones alternativas al PSOE. Puede haber mucha gente que lo vea con una legítima y para mí encantadora esperanza, pero tenemos que decir que vamos a construir Madrid.


¿Cómo ve las negociaciones entre Iglesias y Sánchez? Pinta mal.
Están entrando en un camino peligroso en el que la confianza se va mermando cada día más. Eso ocurre cuando tu objetivo es ganar al contrario el relato de la negociación, en lugar de consensuar lo que entiendes mejor para el país. La desconfianza es una autovía exprés hacia la repetición de elecciones. Habría que pedir responsabilidad a ambos, porque en 2016 el electorado penalizó a una parte, pero esta vez puede penalizar a las dos y entonces tendremos a la izquierda peleándose por buscar al culpable de tener un Gobierno del PP con Vox como manijero. En Madrid hemos logrado una relación de confianza plena; en España debería ser más sencillo porque, a diferencia de Madrid, los números sí dan.


La gente sigue preguntando la razón real de su ruptura con Iglesias.
La gente no se cree que puedas tomar un camino diferente por ideas. Estamos empezando a confundir lo verdadero con lo oculto. Yo he dejado todo un reguero de hemeroteca desde hace tres años de diferencias estratégicas o ideológicas sobre lo que tenía que ser Podemos. En mi opinión Izquierda Unida ya existía y cumplía un papel muy respetable, pero cuando en 2015 nos votan cinco millones no es para que ocupemos ese lugar. Era una fuerza transversal que no ponía a la gente de acuerdo sobre lo que habían sido sino sobre lo que querían hacer con un país en crisis política, económica y moral. Esa ubicación ha ido mutando, con el rumbo de la actual dirección de Podemos, hasta ocupar el lugar político tradicional de IU, lo que lleva también a ocupar el lugar electoral de IU. Ese nunca ha sido mi camino. Y luego eso tiene costes personales. Por usar una metáfora comercial, aunque la política no tenga nada que ver, es como si la Pepsi se comprara la Coca Cola, después la fábrica de Coca Cola se pusiera a hacer Pepsi y luego se quejara de que la compran como a la Pepsi. Claro, es que eso ya existía.


¿Podemos es IU 2.0?
Va claramente en ese sentido. Hacia la fusión. Y eso no funciona. En las europeas de 2015, IU saca seis y Podemos saca cinco, es decir, 11 entre los dos. Cuatro años después se unen y sacan seis. Se puede colaborar entre fuerzas progresistas, pero la fusión confunde a la gente y por eso a veces las sumas restan en política. En Madrid hemos probado nuestra propuesta, Podemos e IU han hecho la suya y los resultados nos demuestran que hay recorrido.


¿Su propuesta a Cs no alienta el transfuguismo? ¿Le parecería bien que Cs exigiera de Más Madrid los apoyos para prescindir de Vox?
Me hubiera gustado podérselo explicar a Aguado en una reunión, pero nunca se produjo. Me pareció que tenía sentido el movimiento de Valls en Barcelona, y que a lo mejor lo tenía pedir en Madrid a Cs no que tres diputados rompieran la disciplina de grupo, sino que se pactara con la dirección de Cs. Por dos razones: porque es incompatible el discurso de la regeneración con el PP de Gürtel y Púnica y porque Cs no tiene por qué tragarse los chantajes de Vox. Y como en Cs habrá quien piense lo mismo, proponemos ese acuerdo. Y entonces la izquierda me dice: «¡Pero Cs es de derechas, os separan muchas cosas!» Y yo contesto: ¿Acaso preferís al PP con Vox? ¿O acaso preferís la pureza moral de no intervenir, de no cambiar nada, pero tener el timeline del Twitter limpísimo? Ese no es el campo de la política: el campo de la pureza es el de la religión. El de la política consiste en operar en situaciones difíciles.


¿Qué opina del liberalismo?
El problema es la confusión entre liberalismo político y neoliberalismo, que acaba regalándole la tradición liberal a Esperanza Aguirre. Nunca he entendido que la izquierda no reivindique la tradición liberal en España, que es la primera doctrina nacional y popular en España. Porque afirma que por encima de la soberanía nacional no debe haber nada, y afirma que la soberanía nacional debe coincidir con la participación del pueblo en los asuntos públicos. Es decir, la nación no es una entelequia: es el pueblo español dotándose de sus propias leyes. Ahí hay un principio emancipador brutal. El liberalismo de 1812 fue un levantamiento contra el miedo. Decía: pienses como pienses, tengas la religión que tengas, hayas nacido donde hayas nacido, puedes no temer a los poderosos porque hay cosas que te van a tener que respetar: la vida, la propiedad... Y luego el socialismo trata de llevar esos principios liberales un poco más allá. No los refuta: los adopta y los amplía, ideando por ejemplo la seguridad social. No choca con el liberalismo: lo desarrolla. Nuestra democracia es producto del encuentro entre el principio liberal y el principio democrático, pero creo que hoy se ha desequilibrado la balanza en favor del primero.


Pero el principio básico de los liberales de Cádiz es la nación. Usted dice que la española no puede ser la única izquierda sin patria. Pero usted es partidario del derecho de autodeterminación.
Yo quiero construir una patria española que dé certeza, la seguridad de que los que vivimos aquí estamos libres de miedo, de precariedad, de exclusión. Quiero construirla con un orgullo inequívocamente progresista y democrático, y a la vez inequívocamente español. Pero hay territorios donde la identificación con lo español es muy tenue, y en esos sitios las soluciones administrativas o coactivas no nos van a dar convivencia. Un Estado debe hacer cumplir sus leyes porque, si deja de hacerlo, deja de ser un Estado. Pero al mismo tiempo nos debemos alguna capacidad para llegar a un encuentro. Mi propuesta es seguir juntos, pero eso sólo se hace renovando el contrato de convivencia y seduciendo más que coaccionando. Tiene que pasar tiempo para una solución por la que una nación en términos culturales, como para mí es Cataluña, tenga encaje en un proyecto patriótico superior llamado España.


En la guerra entre la izquierda materialista y la identitaria, a usted le ubican en la segunda.
Es un tema de resaca. Hay gente en la izquierda que llevaba desde el 15-M o desde el 2014 esperando para pasar cuentas. Es un debate que tiene algo de lucha por un nicho comercial. Me cuesta mucho separar las reivindicaciones materiales de las culturales. Cuando el feminismo pide servicios sociales que faciliten una vivienda para que la maltratada pueda dejar la casa donde la golpean, ¿eso es material o cultural? Los pulmones que respiran contaminación ¿son culturales o materiales? Marx nunca cayó en ese economicismo ramplón según el cual sólo importa llenar la tripa. Este materialismo se ha puesto de moda como un artículo vintage, como las camisas de leñador entre los hípsters: no es que quieran ser leñadores, es que la camisa mola. Yo estoy comprometido con una idea de la izquierda que articula las demandas de mayor libertad con las de mayor justicia social. Además, la clase también es una identidad. La gente no se define a sí mismo por su lugar en el sistema productivo. Construir voluntades populares es el resultado de una narración. ¿La Declaración de Derechos Humanos es verdad? Lo será si nos ponemos de acuerdo en que tenemos derechos inherentes desde que nacemos, porque no era verdad antes. Pero es más fácil cohesionar por exclusión del otro que por inclusión.


Dicen que la izquierda identitaria le hace el juego al neoliberalismo que atomiza la protesta en grupúsculos y debilita la lucha.
La izquierda que dice eso no gana en Hortaleza ni en Vallecas: ahí ganamos nosotros. Se quejan de que me hago una foto con los Javis como un guiño posmoderno a la clase media. Pero ¿quién crees que ve OT? El neoliberalismo amenaza a la familia, la disgrega, obstaculiza la identidad de clase, pero lo hace con hechos que pasan inadvertidos a esa izquierda que denuncia que malvadas profesoras lesbianas de Columbia han venido aquí a disgregar a las masas trabajadoras. Es un debate idealista de los que van de materialistas.


¿No será que a la gente le gusta vivir en un chalet, a poco que su sueldo se lo permita? Hay ejemplos notorios en su ex partido. ¿No será que el neoliberalismo somos todos?
Sí, el neoliberalismo somos todos. Porque es una inmensa máquina de producir deseos e insatisfacción, y de hecho las modas son cada vez más cortas y frenéticas, como una droga cuyo efecto cada vez se acaba antes. Todo es nuevo, abrumador, nos encanta y nos aburre. Todo el mundo quiere vivir mejor.


Incluso quiere vivir solo, o relacionarse de otro modo. ¿Hay que enfrentarse al libre deseo humano?
Reconozcamos que es en efecto una pelea contra el deseo, y que no se gana regañando a la gente. Yo cada vez que entro en un restaurante que no es de menú del día oigo: «Mira éste...». Entienden que yo querría que todo el mundo comiera bocadillos de chóped todos los días. Pero uno está en esto para procurar condiciones para que la gente viva más feliz; no más feliz como a mí me gustaría, sino más feliz a secas. La izquierda no puede defender el miserabilismo, porque la gente te da la espalda con razón. ¿O la izquierda solo es útil cuando todo está en ruinas? Creo que una buena combinación entre comunidad y libertad individual nos hace más felices. Sólo reclamar comunidad es asfixiante, y de esto nos alerta por ejemplo el movimiento LGTBI: muchos gays huyen del pueblo a la ciudad para poder ser ellos mismos. Pero sólo individualismo nos vuelve locos. Se dispara el consumo de antidepresivos, drogas, adicción al móvil, salas de apuestas... Un chaval que a los 15 pide a su padre un iPhone no es libre. Diseñan las apps para que te pases más horas. Para ser libre hay que prohibir cosas. Porque ese chaval que se cría con el móvil ya no es libre para tener la paciencia de coger un libro. Estamos creando sociedades dislocadas, rotas, masivamente medicadas.


Le van a llamar conservador, además de liberal.
Igual hay que reivindicar una parte de la sensibilidad conservadora que nos alerta de que no todos los cambios son buenos. ¿Es bueno que todos los colegios enseñen con un iPad? En Silicon Valley los hijos de los magnates de la tecnología estudian con lápiz. No todo lo moderno es siempre bueno. Pero discrepo del conservadurismo en que creo que el individuo no es libre. La libertad es más fuerte cuando es compartida. Yo solo frente a Google soy una hormiga. El individuo tiene que asociarse para crear instituciones que le protejan. Acepto de los liberales que hay que poner coto al Estado para proteger la libertad individual, si a cambio me aceptan los liberales que una parte de los poderes que deciden tu vida son privados. ¿Nunca te ha pasado que en una cena hablas de Tailandia y al día siguiente en el móvil tienes ofertas de viajes a Tailandia? No eres libre. Hay poderes salvajes, algoritmos que nadie controla.


Le doy la ocasión de retractarse de su famosa afirmación sobre las tres comidas diarias en Venezuela.
Fue una frase desafortunada. Venezuela va camino de ser un Estado fallido. Y su situación de deterioro político, social y económico hace que nadie en su sano juicio lo estime modelo de referencia para la tierra que ama. Hubo gente que me escribió realmente apenada diciendo que eso ya no era verdad. No es debate ideológico. Cuando ves una situación de lejos hay que ser prudente.


En el último Orgullo Gay los representantes de Cs fueron acosados. ¿Condena esa forma de violencia que es el escrache?
Me parece mal cualquier forma de violencia o intimidación al adversario. Ninguna agresión está nunca justificada, haya dicho uno lo que haya dicho. Pero la protesta política pacífica me parece legítima. Cs ha ido otros años al Orgullo pero este año ha vivido una problemática particular, y es que lo convocan unas asociaciones que incluyen en el manifiesto de la convocatoria un punto que Cs, que está en una situación complicada, no puede suscribir. Que es el compromiso de no llegar a acuerdos con fuerzas que alimentan la homofobia. En un momento de repunte de agresiones homófobas.


Muchos de esos agredidos votan a Cs.
Y seguramente no entienden que Cs pacte con una formación que dice que el Orgullo denigra a las personas y huele mal.


No han pactado medida homófoba alguna.
No, pero pactan con una formación que es homófoba.


Las demandas de Vox en ese terreno no son atendidas.
De momento.

https://www.elmundo.es/espana/2019/07/15/5d2b6073fc6c83f5628b46e9.html