Asertividad no siempre es ganar

 

Estaba el otro día en terapia con un paciente y tratábamos el tema de la asertividad, a lo que de golpe me soltó: “ah! ¿¿Pero que con la asertividad no siempre se consigue lo que uno quiere??”. Resultaba verdaderamente sorprendido de saber que la persona asertiva no siempre conseguía lo que quería, que a veces también tenía que aceptar un no.

 

 

El perfil de este paciente encajaba en un estilo de personalidad agresiva, por lo que estaba habituado a conseguirlo todo, a que no le decían que no por miedo, pero, eso sí, lo conseguía todo mediante la coacción del otro, haciendo uso de su agresividad e intimidación.

Entonces, no entendía porque los psicólogos nos empeñamos tanto en la asertividad y en que todo el mundo sea asertivo, si así no siempre se consigue lo que uno quiere.

Con eso, y hablando después con una persona ajena al mundo de la psicología, me di cuenta de cuanta información falta saber sobre la asertividad. En el caso de mi paciente, con la asertividad probablemente conseguiría menos cosas que mediante la agresividad, por eso era importante explicarle el porqué es interesante ser asertivo y las ventajas que conlleva.

La asertividad se define como un comportamiento comunicacional en el cual la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que manifiesta sus ideas y defiende sus derechos.

Es también una forma de expresión consciente, congruente, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde la autoconfianza.

Las personas que cuentan con esta capacidad se respetan a ellos mismos y también a quienes los rodean, expresan sus ideas y actúan en el momento y lugar adecuados, con franqueza y sinceridad. Muestran autenticidad en sus actos.

Tienen una expresión verbal directa y honesta, utilizan mensajes de “Yo” en primera persona (“pienso”, “siento”, “quiero”), invitan al diálogo, hace preguntas y piden participación. Tienen capacidad para discrepar y pedir aclaraciones abiertamente.

Mediante la agresividad probablemente consigas exactamente lo que quieres de los otros, pero un vez te lo han dado, estas personas huyen corriendo de tu alrededor, por lo que te irás quedando solo, o peor aún, las personas que se quedarán contigo lo harán coaccionadas y con miedo.

Si usas la asertividad, tal vez en algunas ocasiones te vas a llevar un no, pero las personas no van a huir de tu alrededor a la más mínima, se van a quedar, y otro día, te darán un sí. Se sentirán bien contigo y esto fortalece las relaciones sociales, no las debilita como hace la agresividad.

Aun así, es más fácil, o menos complicado según se mire, que una persona agresiva pase a ser asertiva, a que lo haga una persona pasiva.

La persona pasiva es la que siempre hace lo que los otros le piden aunque no le apetezca, simplemente porque no saben decir que no. En este caso, la persona pasiva para ser asertiva debe aprender a decir que no y a defender sus derechos, por lo que no es ni fácil ni cómodo para ella, ya que justamente hace siempre lo que le piden para no tener que enfrentarse a nadie ni que se enfaden por decir que no.

Las personas que rodean a la persona agresiva, se sienten mejor cuando este pasa a ser asertivo, pues les pide las cosas bien, siendo empático y aceptando el no por respuesta. Las personas que le rodean lo viven como un cambio positivo para esta persona y para ellos y le animan al cambio apoyándole.

No obstante, para la persona pasiva, que tiene acostumbradas a las personas que le rodean a decirles que sí a todo, que acepta las ordenes sin replicar, cuando de golpe les suelta un no, no es tan bien visto por sus círculos. Para ellos tampoco es nada fácil decir no cuando siempre dicen que sí, y menos aun cuando los que te rodean se quejan de que antes sí lo hacías.

Es un cambio visto como negativo para sus relaciones, todo lo contrario de lo que pasa con un agresivo. Así pues, mientras los agresivos disponen de apoyo por parte de sus amistades y familiares, los pasivos se encuentran más perdidos ante las respuestas que obtienen.

Toda persona tiene derecho a decidir cuándo prestar ayuda a los demás ya que es un derecho individual. No existe una “personalidad innata” asertiva o no asertiva, la conducta asertiva se aprende por imitación y refuerzo, es decir, se compone de lo que se nos ha transmitido como modelos de comportamiento, ya sea nuestro núcleo familiar, escolar o laboral. Así que nunca es tarde para aprender a ser más asertivos!

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http://psicopedia.org/5063/asertividad-no-siempre-es-ganar/

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