¿Te Cuesta Afrontar el Cambio?

Autor. Rafa Beltran. Muchas veces te encontrás con dificultades para cambiar. Esto pasa cuando tenés estructuras rígidas que generan esa inercia que actúa en contra del cambio. Estas estructuras dependen de tu personalidad. 

Hay personas que cambian de profesión y lo toman como una tragedia. Hay otros que pasan por cinco carreras diferentes y lo toman como algo natural. Es una cuestión de personalidad y dinamismo.

¿Cómo se forman esas estructuras que te dificultan el cambio?
En parte, esto pasa por los cambios mismos que hacés. Si hacés un cambio cada 20 años, ya sea que cambies de ciudad, de trabajo o de carrera, todo es siempre rígido y más duro, más enraizado. Por ejemplo, si te mudaras todos los años, no estarías enraizado en tu casa actual. Sabrías, en este caso, que el año que viene te vas a mudar de nuevo. Por el contrario, si viviste 25 años en tu casa y tenés que mudarte, ese cambio probablemente sea más difícil.

¿Qué podés hacer si te cuesta afrontar a un cambio?
Si te acostumbraste a una situación y no estás dispuesto a cambiar, probablemente niegues que tengas que cambiar. Vas a sentir que no podés controlar la situación y te va a costar reconocer que algo no está funcionando.

Lo que te conviene hacer es escuchar a otro que pueda facilitarte ese cambio. Necesitás tener confianza y pensar que otra persona puede traerte algo nuevo. Por esta razón, mejorar tu capacidad de adaptación también incluye la escucha y la apertura a lo nuevo que otro te puede aportar.

Todos tenemos algunos aspectos que nos hacen resistirnos a hacer ciertas acciones. Entonces, nos estancamos y nos paralizamos. Por eso, el valor de la sinergia es dejarte ayudar y acompañar por alguien que te desbloquea. Para poder afrontar un cambio, lo primero es reconocer que te cuesta cambiar. Cuando reconocés ese bloqueo, podés dejar que otro te ayude.26 cambio 2

Empezar es el paso más difícil, es el corazón de la acción. Desde afuera, podés ver que perseverar es no parar. Pero lo que muchas veces no se ve en la perseverancia es la capacidad de volver a empezar. Cada nuevo comienzo se ve tan instantáneo que te da la impresión que simplemente nunca paraste.

A veces, la educación se centra en hacer que no paremos nunca, y esto es un problema. No estamos preparados para empezar. Esperamos hacerlo una vez y continuar como si nunca fuéramos a terminar. Entonces, nos exigimos y nos presionamos a nosotros mismos.

¿Por qué cuesta tanto empezar?
Porque es algo nuevo, lo nuevo es el cambio y el cambio siempre es difícil. Para poder sostener lo que hacés, necesitás ser flexible, poder adaptarte y tener apertura. De esa manera, podés evitar aferrarte y disponerte a cambiar. Cambiar por algo nuevo, por un próximo comienzo.

Cuando creés que empezás a hacer algo y nunca termina, te echás a dormir tranquilo, con la calma de no cambiar. Pero es mejor descansar sobre la capacidad de adaptación al cambio, que nos permite empezar una y otra vez, es decir, que nos permite perseverar.

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