¿Sabes qué es el ‘Hambre de piel’ y por qué necesitamos los abrazos?

El contacto físico viene de la mano con el tacto y es un sentido imprescindible para la vida humana. Está comprobado científicamente que su carencia debilita el sistema inmunológico. EL TACTO INFLUYE EN EL RITMO CARDÍACO, LA PRESIÓN SANGUÍNEA Y LOS NIVELES DE HORMONAS DEL ESTRÉS Y EL AMOR
“Abrazarse o tomarse de la mano durante al menos diez minutos puede reducir los efectos físicos perjudiciales del estrés”, tal y como indica un estudio realizado por especialistas de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill (Estados Unidos), “abrazarse o tomarse de la mano durante al menos diez minutos puede reducir los efectos físicos perjudiciales del estrés”.

El sentido del tacto ha sido infravalorado durante años y realmente es uno de los sentidos imprescindibles, incluso para poder sobrevivir sobre todo en edades tempranas.

Es así como las caricias y el contacto físico desde el momento de nuestro nacimiento son tan importantes y tan básicos como el comer o el dormir.

Cuando un bebé nace se recomienda recostarlo sobre el pecho y el abdomen de su madre: que el primer contacto en el mundo luego de la violencia del parto sea la piel de otro ser humano.22 abrazos 1

¿Sabías que la yema del dedo de un adulto tiene unos 100 receptores táctiles? En dos metros cuadrados de piel se acumulan cinco millones de estas terminaciones nerviosas que sirven para interactuar con el entorno y aprenderlo.

En el área del cerebro que procesa la información táctil, los labios, los índices y los pulgares requieren un espacio importante.

Los efectos de la cuarentena
Para aquellos que pasan la cuarentena solos la experiencia ha sido agobiante, tanto para niños como adultos.

El antropólogo Paul Byers estudió los efectos debilitantes del fenómeno que denominó “hambre de piel”.

“Cuando tocamos la piel se estimulan los sensores de presión subcutáneos, que envían mensajes al nervio vago [del cerebro]”, explicó a Wired Tiffany Field, investigadora del Instituto para la Investigación del Tacto (TRI) en la Universidad de Miami.

“A medida que aumenta la actividad del nervio vago, el sistema nervioso se desacelera, bajan el ritmo cardíaco y la presión sanguínea y las ondas cerebrales muestran relajación. También bajan los niveles de las hormonas del estrés, como el cortisol”, añadió para explicar la necesidad biológica del contacto físico.

Al mismo tiempo aumentan los niveles de oxitocina, la hormona del amor, que crea vínculos y por eso participa en el sexo y el nacimiento.

Asimismo, el neurocientífico de la Universidad John Moores, en Liverpool, Reino Unido destacó que “todos los primates humanos estamos programados para el tacto, nos guste o no”.

Su colega Alberto Gallace, de la Universidad de Milán-Bicocca, coincidió: “Nuestro cerebro y nuestro sistema nervioso está diseñado para hacer que el tacto sea una experiencia placentera. La naturaleza creo esta modalidad sensorial para aumentar nuestros sentimientos de bienestar en ambientes sociales. Es algo que sólo está presente en los animales sociales que necesitan juntarse para optimizar sus posibilidades de sobrevivir».

Qué es el ‘Hambre de piel’
El ‘Hambre de piel’ es el término de uso común para lo que en la ciencia se conoce como privación del afecto, que está asociado a una serie de daños psicológicos e incluso físicos para la salud”.

Kory Floyd, profesor de comunicación en la Universidad de Arizona especializado en los vínculos entre el afecto táctil y el estrés, la depresión, la soledad y la ansiedad. “La gente que vive sola es más susceptible, y ahora sería razonable argumentar que casi todos somos más susceptibles que lo normal a la falta de tacto y otras formas de conducta afectiva”.

¿Qué pasa cuando nos tocan?
Los seres humanos poseemos en nuestra piel diferentes tipos de sensores o fibras nerviosas que responden al tacto.

Según la doctora Cristina Márquez Vega, Investigadora Principal del Laboratorio de Circuitos Neuronales de la Conducta Social del Instituto de Neurociencias de Alicante, «algunas de esas fibras, las C táctiles, responden a la estimulación suave en la piel mandando información a varias zonas del cerebro, principalmente a la corteza de la ínsula (que es una de las partes relevantes en el cerebro social), pero también a la corteza somatosensorial secundaria, donde integramos toda la información que nos llega (no sólo la táctil, también la visual, olfativa....) y a otras zonas de la corteza cerebral, como la orbitofrontal o la cingulada anterior, donde procesamos nuestras emociones y con las que tomamos decisiones».

La especialista asegura que las caricias, abrazos y otras formas de contacto incrementan nuestras Natural Killers (células esenciales en nuestro sistema inmunutario), de lo que algunas publicaciones han deducido que la falta de contacto nos bajaría las defensas y nos haría más vulnerables al coronavirus cuando, paradójicamente, lo que pretende el confinamiento es evitarlo.

A este respecto, Tiffany Field detalla: “Me preocupa mucho, porque este es el momento en el que realmente más necesitamos el contacto humano».

El tacto tiene una función instrumental en la respuesta inmunológica del organismo, porque reduce los niveles de cortisol, que elimina las células de la defensa, un tipo de glóbulos blancos que ataca a los virus.

El tacto, al reducir el cortisol, ha mostrado mejoras inmunológicas en pacientes con VIH y cáncer, agregó.

Aunque las plataformas de comunicación han tenido un papel central durante la pandemia, no logran cubrir esa ausencia.

Los expertos aconsejan estimular las zonas del brazo, el hombro y el cuello, que concentran células C-MRUB, y hacer mucho ejercicio.

“Simplemente caminar en una habitación estimula los receptores de presión en los pies”, sugirió Field.

“Masajear el cuero cabelludo o ponerse humectante en la cara también son otras formas de mover la piel”.

https://www.periodistadigital.com/ciencia/20200818/hambre-piel-necesitamos-abrazos-noticia-689404354052/