Entrevista: Javier Cercas, escribir no es para cobardes

 

Imagen:"Escribo novelas de aventuras sobre la aventura de escribir novelas", afirma el narrador español Javier Cercas. ©Patrice NORMAND/Leemage. Autor: Cecilia González

Traducido a más de 30 idiomas, el escritor español acaba de ganar con el thriller “Terra Alta”, el Premio Planeta. Antes, concedió en Barcelona una videoentrevista que abrirá el Festival Basado en Hechos Reales, el jueves 28. Aquí, un adelanto de ese diálogo.

 

El escritor español Javier Cercas descree de la pureza de la ficción. Así lo asegura el autor de obras como Soldados de Salamina y El impostor, flamante ganador del Premio Planeta 2019 con Terra Alta, en una tesis que polemiza con la definición de fronteras entre géneros cuando advierte: “La ficción no es exactamente una mentira, pero se parece bastante”.

Cercas (España, 1962) aborda una amplitud de temas, a lo largo de 40 minutos, en una videoentrevista grabada en su despacho en Barcelona.

En la charla, de la que ofrecemos a continuación una síntesis, cuenta por qué se considera “un escritor tardío”, aborda la influencia de la literatura argentina en su obra y las diferencias entre periodismo y literatura. Defiende el controvertido género de “novela sin ficción” y la elección de incluirse a sí mismo en las historias. Y alerta sobre los riesgos del movimiento feminista que, según él, debe tener cuidado con sus sectores más radicalizados.

-¿Cuál es su primer recuerdo escribiendo, qué le llamaba la atención?

–Soy un lector precoz pero a escribir más o menos en serio empecé tarde. Creo que quise ser escritor cuando tenía 14, 15 años. Mi vocación nace de un desarraigo doble, uno geográfico y otro, llamémosle espiritual. Procedo de un pueblito pequeño de Extremadura donde transcurre en parte la última novela que he publicado. Mi familia era muy importante. A los 4 años, mis papás me trasladaron a Cataluña. Aquí no era nadie. Era un huérfano, allá tenía a toda mi familia, allá éramos patricios, casi ricos. Salíamos del pueblo y éramos pobres. Eso me creó una especie de orfandad, me quedé sin nada, y encima, para acabar, cada verano volvíamos; era como vivir a horcajadas. Un verano en ese pueblecito cometí el error de enamorarme de una chica. Cuando volví aquí, a mil kilómetros de distancia, estaba desesperado. Quería colgarme del cimborrio de la ciudad de Gerona. Total, que la situación era muy seria, tanto que fui a casa a buscar el libro más serio, con tan mala fortuna que resultó ser San Manuel bueno mártir, de don Miguel de Unamuno. Es un libro que habla de un cura que ha perdido la fe, entonces yo no solo leí eso, leí Unamuno como un loco, y claro, ya sabemos cómo es. Unamuno no fomenta el orden sino la confusión. Dejé de ser católico, empecé a beber cerveza, a fumar. Entré a una especie, un caos del cual creo todavía no he salido. En ese momento, me agarré de la literatura como algo más que un entretenimiento. Intenté buscar algo que había perdido, un sentido de las cosas. Hay una frase de Cesare Pavese que me gusta mucho que dice: la literatura es una defensa contra las ofensas de la vida. Me agarré a eso como una especie de defensa, lo que es paradójico, porque la literatura no proporciona certezas, sino ironías, paradojas, ambigüedades,

–Ha dicho que Borges lo influyó en esa etapa.

–Es que tuve la mala fortuna de encontrarme con Borges. Para mí es el escritor en nuestra lengua más importante después de Cervantes, porque encima de Cervantes no hay nadie. Tardé mucho en ser escritor por culpa de Borges, porque Borges es demasiado bueno.

–¿Y cómo se quitó ese peso?

–Creo que fue gracias a otros escritores. Un escritor, me temo infravalorado hoy, aunque sobrevalorado en los años 70 que es Cortázar. Respeto mucho a Cortázar porque le estoy muy agradecido. Sé que no todo Cortázar es de primera categoría y sé que no era mejor que Borges, pero sigue siendo un gran escritor. Una antología de relatos de Cortázar es difícilmente superable. Libros como Rayuela fueron una liberación: “Ah, se puede escribir de cualquier manera”. Y por mencionar a otro escritor argentino, hoy siento el máximo afecto por él, es Adolfo Bioy Casares.

–¿Sigue pensando que la realidad mata y la ficción salva?

–Hay que decir algo importante: la ficción pura no existe, es un invento de quienes no saben lo que es la ficción. Siempre está preñada, mezclada con la realidad. Si existiera la ficción pura no tendría el menor interés. Tiene interés porque su carburante es la realidad. Lo que hace la ficción es transfigurar la realidad. Esto no me lo he inventado yo, existe desde que la literatura es literatura, desde Homero hasta hoy. Lo que pasa es que unos lo hacemos de una manera y otros de otra. En cuanto a si la realidad mata y la ficción salva, es un leitmotiv de El Impostor, tiene un sentido en ese libro. Es verdad que sin la ficción no podemos vivir. La vida es insuficiente, aburrida, no nos da lo que queremos. Necesitamos mundos alternativos, necesitamos vivir cosas que nunca podremos vivir. Hay una versión de T.S. Elliot que dice: la especie humana no puede soportar demasiado la realidad, lo que pasa es que también necesitamos la realidad. Piense en Don Quijote. Se llama Alonso Quijano El Bueno. Al principio de ese libro increíble, este hombre se inventa una personalidad que es Don Quijote porque está harto de la realidad, harto de vivir en un pueblo miserable, aburrido. Al principio de ese libro, decide que se acabó, que ahora va a vivir todo aquello que antes sólo ha podido soñar a través de libros y crea una ficción: un caballero que le va a servir para salvar doncellas indefensas y convertirse en el héroe que siempre soñó con ser. La ficción le salva, como salva a Madame Bovary, una señora que no se conforma con ser una simple y aburrida ama de casa en una provincia francesa con una vida y un esposo tontorrón, y decide que será como las heroínas de sus libros. Lo que define a Don Quijote y a Madame Bovary es que quieren hacer realidad la ficción, realizar sus sueños. ¿Qué ocurre? que necesitamos la ficción pero también la realidad: al final el Quijote regresa a su casa.

–¿Qué licencias se toma como novelista que no se tomaría como periodista?

–Es muy sencillo: el periodista no puede inventar; al novelista le está autorizado todo. El periodismo no puede contar una cosa que no ha ocurrido. En cambio un novelista casi está obligado a hacerlo.

-Usted habla de la novela sin ficción, ¿no le da miedo que se confunda qué es verdad, y qué mentira? Se supone que tiene que haber un pacto previo de lectura...

–La ficción no es exactamente una mentira, pero se parece bastante. Es una cosa muy curiosa. En latín la palabra mentir sirve tanto para “mentir” como para “inventar”. Eso en el periodismo no se puede hacer y en una novela sin ficción, tampoco. En Anatomía de un instante y El impostor no hay nada que no sea real. Creo que en aquel momento el presidente Suárez podía pensar esto o lo otro, es una conjetura. La fantasía es inventar algo que no existe, en mis novelas sin ficción hay un ceñirme por completo usando la imaginación pero sin fantasía, se aproximan al periodismo. En Soldados de Salamina claro que se mezclan porque es una novela, ahí Javier Cercas dice que está escribiendo un relato real. No entiendo cómo nos podemos hacer líos tan grandes. La etiqueta “basado en hechos reales” no me gusta porque todo está basado en hechos reales. El periodismo no está basado en hechos reales, cuenta hechos reales, pero la ficción toda está basada en hechos reales: La Iliada, Shakespeare... luego se transforma más o menos.

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Enric Marco inventó un pasado de sobreviviente de los campos de concentración nazis y de héroe antifranquista. Cercas contó esa historia en "El impostor". Foto: Cézaro de Luca.

–Pero su literatura en particular está basada explícitamente en hechos reales. ¿Es una elección estética?

–Hay libros míos que prescinden de la ficción. Estamos acostumbrados a pensar que las novelas son ficción y mi respuesta a eso es ¿por qué?, ¿quién lo ha dicho? Es decir, este género que llamamos novela, que es reciente comparado con otros, lo creó un señor llamado Cervantes, cuyo primer arreglo dice: “En este nuevo género no hay reglas”. Cada novela crea sus propias reglas. En Anatomía... quería escribir una novela sobre ese instante. Después de años de trabajar, entrevistar a mucha gente, leer todos los libros, llegué a la conclusión de que quería escribir una novela pero escribir una mezcla de ficción y realidad no tenía sentido, porque el golpe del 23 F era una gran ficción colectiva, un montón de ficciones, medias verdades, teorías insensatas, etcétera. El 23 F es como nuestro asesinato de Kennedy, y no hay ni un solo español que no tenga una teoría del 23 F. No tenía sentido escribir una ficción sobre otra ficción; lo que podía ser relevante literariamente era justamente lo contrario, desenterrar la realidad de todas esas teorías, mentiras, que la habían tapado. Entonces, decidí escribir un libro con las herramientas de la literatura pero que fuera escrupulosamente fiel y eso es la novela, un libro de historia, una crónica, biografía, ensayo, en parte lo es, eso es la novela: un saco donde cabe todo.

–En El impostor cuenta además el detrás de escena. ¿Qué busca al contar lo que pasa durante la investigación de la historia?

–Me gusta pensar que escribo novelas de aventuras sobre la aventura de escribir novelas. Por un lado, cuento una serie de historias a menudo relativas a un pasado reciente y, por otro lado, se cuenta el propio proceso de hacerse, mis perplejidades . Hace poco leí una carta de Italo Calvino que decía: “Hay libros en los que contar el propio proceso de hacerse es casi una obligación moral”. Mis libros son así. Yo quiero que el lector comparta la aventura de leer el libro, no quiero esconderle nada. En el caso de El impostor, estamos frente a una historia terrible, monstruosa: un hombre que ha inventado por completo su pasado como víctima de nazis, se ha hecho pasar como héroe del franquismo. Y no quiero que el lector lo vea como algo excepcional . Horacio dice: “La historia habla de ti”. De algún modo, ese libro dice que en este hombre terrible, Enric Marco, estamos todos, es un espejo de lo que somos todos.

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Premiado. Cercas ganó el Planeta 2019 con "Terra Alta", un thriller que llegará a la Argentina el 26/11. Foto: EFE/Andreu Dalmau

–Al revisar su obra, me llamaba la atención porque remite a polémicas de escritura que siguen siendo actuales como el uso del yo. ¿No le da miedo exponerse personalmente?

–Nietzsche dice: “Hablar mucho de uno mismo es la mejor forma de ocultarse”. El Javier Cercas que aparece en mis libros soy yo y no soy yo; es una máscara más o menos próxima. La máscara es lo que nos oculta pero sobre todo lo que nos revela. A veces, ese Javier Cercas que no soy yo, quizá sea más yo que yo mismo. Es un poco como el yo de los poetas. ¿Que si tengo miedo a mostrar mis debilidades? Pues sí, tengo miedo, pero la valentía no consiste en no tener miedo, consiste en tener miedo y sobreponerse a él. En mi vida soy razonablemente cobarde, pero como escritor no puedo serlo. Va con el oficio. Un escritor cobarde es un oxímoron, como un matrimonio feliz. O es una cosa o la otra. El debate entre usar el yo y no usarlo es un falso debate. Todo depende cómo uses el yo y la tercera persona. Cuando Montaigne dice al principio de los ensayos: “Yo mismo soy la materia de mi libro”, se usa a sí mismo para hablar de nosotros.

–Y sobre la no ficción entendida en sus diferentes formatos, ¿para qué sirve?

–No soy periodista, aunque escribo en un periódico un par de veces a la semana. Cuando oigo a un periodista diciendo que el periodismo está muerto, lo estrangularía porque el periodismo hoy es más necesario que nunca porque estamos literalmente inundados de mentiras. No es que se digan más mentiras que antes, pero la mentira tiene una capacidad de difusión que no ha tenido jamás. Un poder de penetración, y en consecuencia por momentos parece que la verdad ha dejado de importar. Tenemos pruebas absolutamente flagrantes. El hombre más poderoso del mundo miente un montón de veces y parece no importar. La crisis catalana, el Brexit, fueron una verdadera inundación de mentiras. Ya no basta con contar la verdad. Además, hay que desmontar las mentiras. No es fácil. Requiere tiempo, esfuerzo e inteligencia.

–¿Cómo se lleva con los reclamos de escritoras que piden cupos en festivales? No sé si se dio cuenta, pero durante la charla usted solo citó a autores hombres.

–Cito lo que cito. No podemos arreglar el hecho de que, no la cultura sino el mundo, ha sido machista desde el principio de los tiempos. Creo que hoy hay dos causas indispensables, sencillas y las conocemos todos. Una es la destrucción del planeta. La segunda es la de la igualdad entre hombres y mujeres. Es verdad que en los últimos años, no desde el Me Too, desde Mayo del 68, se ha avanzado más que nunca, es verdad que los hombres de mi generación somos machistas por defecto. Tengo cuatro hermanas y jamás en mi casa fregué un plato. Quien diga que no es machista miente. Esto requiere una revolución cultural. Solo diré que las causas buenas hay que defenderlas bien. La mejor causa se corrompe. Todas las buenas causas tienen sus canallas y esos son los que las estropean. Si al señor Woody Allen dos tribunales lo han absuelto del delito de abusar de una hija suya, por el que ha sido acusado, ese señor para mí es inocente, porque en el mundo civilizado todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Ojo con los abusos, porque la mejor causa se puede estropear.

–¿Es lector de no ficción de manera regular?

–Leo mucho periodismo y me parece que hay una cosa curiosa con América Latina. Mi teoría, seguramente equivocada, es que después del “boom” muchos buenos escritores han encontrado un territorio virgen, llámale ficción o periodismo narrativo, pese a que algunos de los escritores del boom también eran periodistas. Para mí, uno de los mejores de mi generación es Leila Guerriero, leo sus libros con gran placer. Es una gran escritora. Hay un diálogo en Los soldados de Salamina, creo que un personaje Roberto Bolaño, que lo inventé, dice que un buen escritor no es necesariamente un buen periodista pero un buen periodista siempre es un buen escritor. Los periodistas, lo queráis o no, son escritores y muchas veces mucho más escritores porque vosotros escribís cada día. Es una batalla diaria.

https://www.clarin.com/revista-enie/literatura/javier-cercas--escribir-cobardes_0_aCQmrY77.html

 

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