“Una empresa no es una máquina. Se trata de la vida de personas reales"

“No se trata de minimizar costes y generar beneficios. Se trata de crecer, preocuparse y tener un impacto”. Así opina el profesor del Babson College, Raj Sisodia, también cofundador de Conscious Capitalism Inc. “Los fundadores del capitalismo creían en servir a la sociedad y mejorarla a través de las empresas”, afirmó.

 

Ponente en el 19º Simposio Internacional sobre Ética, Empresa y Sociedad –celebrado recientemente en el campus de Barcelona–, Sisodia afirmó que las teorías de gestión de empresas y los modelos de negocio que se enfocan en los resultados en vez de en las personas han perjudicado no solo a la imagen que se tiene de las empresas, sino a la que tenemos de la sociedad en su totalidad.

“La empresa y la sociedad pagan un alto precio por el cinismo y la desconfianza. Tan solo en EE. UU. la confianza en las empresas pasó del 35% en 1970 al 17% en 2009”, recordó.

Sisodia abogó por el cambio en la perspectiva de la gestión de empresas y argumentó que es hora de “dejar atrás las historias tóxicas sobre el mundo empresarial. Después de todo, una empresa no es una máquina, ni un juego de guerra o un problema de matemáticas. Se trata de la vida de personas reales”.

Conseguir este cambio, añadió, conlleva tener en cuenta tres dimensiones del ser humano: el interés propio, la necesidad de cuidar a los demás y nuestro entorno y el compromiso con una misión.

Un liderazgo consciente

“Necesitamos romper con este paradigma y moldear uno nuevo al que la gente se pueda aferrar. Y lo estamos intentando”. El foco de este nuevo paradigma es encontrar “una misión con un mayor sentido de la ética, una mayor integración de los grupos de interés, un liderazgo consciente y una cultura que se preocupe por la sociedad”.

Tras definir el liderazgo consciente como aquel caracterizado por el altruismo, la preocupación y el compromiso, Sisodia puntualizó que se trata de “la lógica del líder que come el último, a diferencia de la ya anticuada filosofía del palo y la zanahoria que nada aporta a la sociedad actual.”

Una cultura que se preocupa también significa que comparte un sentido de misión, de “hacer cosas que valgan la pena y, a la vez, generen dinero”, no solo de moverse por el mero factor económico.

“El compromiso con la misión tiene que ir por delante de todo. Después, la estrategia. Cuando te detienes y lo piensas, las grandes empresas –como Wholefoods o Google– tienen grandes misiones en torno a las que gira el negocio, ya se trate de temas sanitarios o de organizar la información esparcida por todo el mundo”.

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