Hijos de la Tierra: qué nos hizo humanos y por qué también nos extinguirá

Autor: DANIEL ARJONA 

Advertencia, pisar el acelerador de la Historia a la velocidad a la que vamos a hacerlo a continuación puede producir vértigos y mareos. También maravillas. Atiendan. Hace 55 millones de años, la India chocó con Eurasia en una espectacular colisión que levantó el Himalaya. Desde entonces, la lluvia y la nieve erosionan la enorme cordillera vigorosamente arrebatando así al aire en un complejo proceso toneladas de dióxido de carbono, el gas de de efecto invernadero que caldea la atmósfera.

La deriva continental amplificó de otras dos formas el enfriamiento climatológico en marcha: situando la mayor parte de la masa continental en el hemisferio Norte y alterando las corriente marinas al cerrar el istmo de Panamá. Por último, hace 2,6 millones de años, pequeños desajustes en el reloj celeste que determina la órbita y la inclinación de la Tierra desencadenaron importantes transformaciones en el clima. Hasta ese momento, había sido mucho más cálido durante el 90% del tiempo y los casquetes polares, una rareza. Pero entonces el mundo se congeló. Comenzaba una era de glaciaciones recurrentes y edades de hielo pulsantes que ha durado hasta hoy, cada una de ellas más extrema y fría que la anterior. Nuestro planeta acababa de quedar atrapado en una gigantesca cámara frigorífica.

Todos estos efectos climatológicos afectaron virulentamente a un cruce de caminos crucial: África Oriental. Allí, la tectónica de placas aisló el valle triangular del Rift marchitando sus antiguos bosques lo que, coincidiendo con el mayor enfriamiento y sequedad general, sometió a toda la región a un clima tremendamente oscilante y variable. Los numerosos lagos de la zona crecían y se secaban alternativamente cada poco tiempo, ofreciendo agua y peces -o sequía y hambre- a los animales que habitaban la zona, entre ellos unos frágiles monos bípedos. La evolución natural es muy lenta y no podía generar adaptaciones a la velocidad necesaria para sobrevivir en aquellas condiciones. Hasta que el azar y la necesidad volvieron a aliarse una vez más para inventar una última adaptación: la inteligencia. "La inteligencia, y el comportamiento totalmente versátil que esta permite, constituyen una adaptación similar al uso de un cuchillo multiuso del ejército suizo, que ayuda al individuo a habérselas con diversos retos a medida que el entorno varía de manera significativa".

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'Orígenes'

Así lo defiende el astrobiólogo británico Lewis Dartnell en 'Orígenes, cómo la historia de la Tierra determina la historia de la Humanidad' (Debate), que el nacimiento de la inteligencia que nos caracteriza como especie fue el resultado de condiciones determinadas por nuestro planeta, pero no sólo la inteligencia sino todo lo que somos., algo que dicho así parece obvio y que, sin embargo, no deja de obviarse cuando intentamos entender historia fijándonos en las guerras entre los hombres o en sus grandes líderes. La geología, la geografía, la química de los metales o la energía cobran protagonismo en estas páginas para brindar una explicación inédita que va desde la aparición de nuestra especie al mundo global pasando por las edificaciones, la ruta de la seda o la era de las Conquistas.

"Exploraremos", anuncia Dartnell en la introducción, "cómo la historia de la Tierra ha creado las preocupaciones geoestratégicas de hoy en día y sigue influyendo en la política moderna; cómo el mapa político del sudeste de Estados Unidos continúa siendo modelado por sedimentos procedentes de un mar que existió hace 75 millones de años, y cómo las pautas electorales en Gran Bretaña reflejan la localización de depósitos geológicos que datan del período carbonífero, hace 32 millones de años. Es mediante el conocimiento de nuestro pasado que podremos comprender el presente y prepararnos para encarar el futuro".

Se acerca el invierno

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No parece casual que en su aclamada obra anterior, la deliciosa 'Abrir en caso de apocalipsis' (Debate, 2015), Lewis Dartnell esbozase una especie de manual de primeros auxilios del saber humano para reiniciar la civilización en caso de desastre bélico y/o nuclear, climático, caída de meteorito o similar. Porque como apunta esta vez indirectamente en 'Orígenes', su nuevo libro, las mismos elementos del drama cósmico que desplegaron en nuestro planeta el escenario perfecto para el nacimiento de nuestra especie, podrían ahora liquidarla, incluso sin nuestra intervención. No en vano, la era glaciar no ha terminado sino que sólo vive una relajación momentánea, un breve lapsus templado que llamamos periodo interglaciar precisamente en el cual ha aparecido y prosperado el ser humano y que está a punto de concluir. Sí, se acerca el invierno.

Lewis Dartnell

Vivimos en tiempos fugaces y es razonable que hoy nos preocupe el cambio climático que ya calienta amenazante el futuro de nuestros propios hijos y nietos pero no mucho más tarde, dentro de unos 3.000 años -un parpadeo cósmico- la glaciación volverá aún más cruda que la última vez y enormes bloques de hielo cubrirán el hemisferio norte mientras el nivel del mar desciende abruptamente. Si nuestra especie sigue existiendo entonces, tal vez sobreviva como la última ocasión, hace más de 15.000 años. Entonces vivíamos en pequeños grupos de decenas de individuos errantes, no en gigantescas conurbaciones urbanas habitadas por decenas de millones de personas. Pero la civilización no lo hará.

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