Los grupos de WhatsApp meten ruido en la convivencia escolar

Ilustración de Chumbi. Autor: MARIANA OTERO

Los chats de los que participan niños y adolescentes pueden generar conflictos. Lo mismo ocurre en grupos de padres. Los expertos hablan de códigos de convivencia.
Marianela creó un grupo de WhatsApp de padres de alumnos de sexto año que están organizando la fiesta de egresados. Lo hizo a pedido de otras mamás con la intención de estar todos comunicados y, de esta manera, opinar sobre el evento de diciembre próximo. Sabía que sería difícil, pero nunca imaginó que tanto. Apenas pasó un mes y ya está desbordada por los conflictos y la falta de respeto a las normas de uso que habían consensuado.

“Actúo como administradora, pero también como moderadora. Pusimos reglas claras: que sólo se hablaría de la fiesta, pero la gente no cumple. Algunos reenvían cadenas de oración o tratan de vender productos en el grupo. Además, los padres y madres se pelean por cualquier cosa y hasta hay cierto maltrato. No estoy segura de que esto haya sido una buena idea”, dice Marianela.

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Los grupos de WhatsApp se han convertido en un verdadero desafío para grandes y chicos. Diez, 20 y hasta 50 personas participando en un espacio virtual opinando sin verse la cara, reunidas en torno a un interés en común con pautas o códigos de interacción (a veces explícitas y a veces, no) es una maravilla comunicacional impensable hace una década.

Hay grupos de estudio, de trabajo, de amigos, de la escuela, de excompañeros de colegio, de deporte, de familia, y tantos otros como intereses personales haya. Son nuevas formas de reunión que permiten el encuentro pero son, también, espacios que plantean desafíos de convivencia.

Las escuelas advierten situaciones problemáticas en los grupos de niños y de adolescentes de un mismo curso o grado. Se multiplican las peleas o disputas que a veces se inician en el colegio, de manera personal, pero que luego se potencian, en horario extraescolar, a través de las redes sociales o del chat móvil.

“Hay compañeros que insultan o hacen bullying a otros, se burlan de lo que dicen algunos en el chat del colegio”, admite Ignacio (13), alumno de un colegio católico de la ciudad de Córdoba. “Yo casi no opino y tengo las notificaciones en silencio”, agrega.

Silvina Huerga, psicóloga clínica de niños y adolescentes, confirma que las posibilidades de comunicación que brinda la tecnología implican “nuevos desafíos, riesgos y problemáticas a nivel psicológico y social”.

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En la misma línea opina Carina Lescano, psicóloga con experiencia clínica y en gabinetes escolares: “El impacto que genera esta forma de comunicación no siempre es positivo”.

Lescano explica que en el ámbito educativo y en la consulta psicológica se advierte que los mensajes que circulan en los grupos de WhatsApp “no siempre poseen un contenido asertivamente pensado y cuidado” sino que suelen responder a una emoción intensa y al impulso de expresarla.

Además, los mensajes se van distorsionando a medida que los ven los integrantes del grupo y cuando se empiezan a replicar o reenviar a otros que no son miembros.

De esta manera, sostiene Lescano, se repiten episodios como estos: mensajes en grupos de padres de alumnos de un grado o sala de jardín que se quejan de la tarea de una docente, comentarios inapropiados o descalificadores o mensajes donde niños que después de haber peleado publican contenidos agresivos de la persona en conflicto para buscar adherentes.

En general, remarca la experta, cuando ocurren estas cosas, no se intenta resolver la situación de manera personal.

“Existen dos grupos de WhatsApp muy interesantes de observar a nivel de interacción grupal tanto en el plano de la convivencia escolar como en el de la consulta psicológica puntual: el grupo creado por niños o jóvenes adolescentes, y el grupo creado por padres, madres o los responsables adultos a cargo de menores de edad”, indica Huerga.

Una situación recurrente en grupos de niños y adolescentes es la distribución de imágenes o videos con contenido inadecuado para la edad. “Se observan niños severamente shockeados luego de haber visto una imagen o video de violencia extrema y real”, dice Huerga.

En general, los chicos miran, comparten y viralizan sin detenimiento alguno videos con alto impacto visual, fotos con contenido sexual, violento o ilegal que –subraya la especialista– es “dañino e inapropiado” para los niños.

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“Esta acción de mirar, compartir y viralizar incluye, muchas veces, la acción de publicar fotos privadas de otros compañeros; es decir, la pérdida y exposición de datos e información personal o familiar”, remarca la psicóloga.

Huerga indica que, en estos casos, algunos niños estallan en llanto en el colegio y refieren que recibieron el video y quisieron hacer una broma a los amigos sin prestar atención a lo que enviaban. “Es común escucharlos decir cosas como estas: ‘¡No soy mala persona, ni un asqueroso!’ o ‘todos lo están compartiendo’”, cuenta la psicóloga.

“Se observan sentimientos confusos de angustia, vergüenza y hasta de terror frente a la posibilidad de la sanción disciplinaria, a la reacción y medidas por tomar por parte de sus padres”, agrega Huerga.

En este sentido, apunta, los niños y adolescentes no siempre hacen un uso responsable y saludable de las redes sociales ni saben relacionarse con otros en la virtualidad. Tampoco tienen la madurez y capacidad psicológica “para procesar y discernir acerca de determinadas informaciones y contenidos perniciosos a los que se ven expuestos”.

“Necesitan de padres, madres, docentes, profesionales que les enseñen códigos de convivencia para los chats con sus amigos y compañeros y para aprender a usar y a gestionar las redes de manera responsable, constructiva y segura”, indica Huerga.

Carina Lescano sostiene que el impacto que puede generar en un niño o en un adolescente la burla o la crítica en un grupo de chat comunitario puede ser alto. “Parte de la identidad que está en construcción tiene que ver con la imagen que tengo, que quiero mostrar de mí y de lo que recibo de la mirada de los otros. Parte de sostener mi identidad tiene que ver con buscar y recibir la aprobación de personas significativas”, opina.

De la misma manera, el “me gusta” de Facebook o de Instagram reafirman o castigan formas de ser y expresarse y esto influye, subraya Lescano, en la toma de decisiones o en la forma de ser de las personas y hasta en la expresión de comportamientos patológicos como no querer salir de la casa, autolacerarse y hasta quitarse la vida.

“Antes surgía un conflicto en el ámbito educativo y cuando terminaba la jornada escolar, no se volvía a hablar del tema hasta el otro día. Ahora el conflicto persiste y se magnifica porque siguen expresando el malestar fuera del ámbito educativo, a veces hasta la madrugada”, plantea la psicóloga.

Los chats de padres

El uso incorrecto de los chats de padres y madres también suelen originar situaciones conflictivas. “Se exponen nombres y apellidos del profesorado, nombres de alumnos menores de edad, nombres de otros padres, comentarios acerca de problemáticas suscitadas en el colegio que no pueden ni deben resolverse por chat. Por el contrario, en tales grupos se pueden exacerbar los conflictos impactando negativamente en la convivencia escolar entre padres, alumnos y docentes”, remarca Huerga.

“Como todo grupo social virtual, también requiere de pautas y códigos de convivencia para funcionar de un modo responsable, cooperativo y positivo, donde no se pierda el propósito inicial para el cual fue creado”, agrega.

Lescano apunta que es necesario trabajar la educación emocional de manera integral; es decir con familias, docentes y alumnos. Esto supone reconocer las emociones para aprender a gestionarlas, regularlas y expresarlas.

Sostiene que es imprescindible la capacitación familiar y escolar sobre el uso saludable y responsable de las nuevas tecnologías y sobre la ética del uso apropiado e inapropiado de las redes sociales.

“La escuela sigue priorizando la tarea de impartir conocimientos curriculares, que pueden ser accesibles a veces en menor tiempo y con mayor riqueza a través de la tecnología y el uso de las redes sociales, pero no realiza una inducción o aprendizaje de su uso responsable.

“El uso inapropiado está generando consecuencias indeseadas que se podrían revertir con un programa educativo”, plantea Lescano.

Cómo hacer que el chat no sea un infierno

Consejos. La psicóloga Silvina Huerga brinda algunos apuntes surgidos de su experiencia en consultorio y en instituciones escolares para sobrevivir a los grupos de WhatsApp de padres y madres de la escuela.
Objeto. Acotar y definir cuál es el propósito del grupo de padres y madres. Recordar la intención inicial por la cual fue creado y limitarse a ello.
Referente. Designar un administrador, quien será el encargado de moderar y delimitar el alcance y límite del grupo.
Reglas. No utilizar el grupo para cuestionar, criticar, insultar, difamar, descalificar a docentes, a otros padres y a los alumnos; esto podría implicar consecuencias legales y denuncias.
Autorregulación. Si el grupo comienza a utilizarse de manera inadecuada, intentar detener esta actitud. Allí, el rol del administrador es clave.
Consulta. No agregar a alguien sin consultarle previamente: no todos desean ser parte de grupos, aunque sea de la escuela.
Canal. Dirigir cualquier inquietud, sugerencia, crítica, cuestionamiento, problema o propuesta directamente al docente o a la escuela.
Exclusividad. Usar el chat sólo para cuestiones que afecten a todos los alumnos con información relevante.
Utilidad. Que el grupo no se transforme en la agenda diaria de los hijos; tampoco es un espacio catártico o de autoayuda para comentar preocupaciones individuales. Utilizarlo de manera positiva, con respeto, para cooperar y ser el ejemplo para los chicos.
Guía para orientar a los niños en un buen uso
Realidad digital. Conocer cómo funcionan las redes e internet para guiarlos en la elección de opciones apropiadas.
No prohibir. Guiar y orientar no significa prohibir, negar, invadir, condenar, controlar de manera represiva ni dar libertad ilimitada en el uso de la tecnología.
Atención. Es clave demostrarles interés por sus actividades en las redes evitando caer en interrogatorios y procurando el respeto de su privacidad.
Pautas. Proponer pautas de uso a nivel familiar según la edad de los niños: delimitar horarios, tiempos y contenidos para equilibrar con otras actividades.
Acortar la brecha. Avanzar junto con los niños en los conocimientos digitales que vayan adquiriendo para evitar que se genere una brecha digital entre padres e hijos.
Prevenir. Conversar sobre los peligros de internet y qué tipo de información no es conveniente proporcionar (datos personales, de contacto, imágenes).
Usar filtros. Utilizar herramientas para evitar el acceso a contenidos negativos y ofensivos.

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