El Tren Macho: aventura sobre rieles desde Huancayo a Huancavelica

Los huancavelicanos de más edad aseguran que el apelativo de “Tren Macho” se justificaba  porque “salía cuando quería y llegaba cuando le daba la gana o cuando podía”. Lo cierto es que este especial medio de transporte constituye un verdadero patrimonio cultural del Perú, aun cuando no haya sido etiquetado como tal.

El Tren Macho se construyó durante el Gobierno de Augusto B. Leguía gracias a la influencia del huancavelicano Celestino Manchego Muñoz, hombre de confianza y colaborador directo de Leguía, aun cuando la idea de que operara nació en 1907. Inicialmente su construcción estuvo proyectada entre Huancayo y Ayacucho, prueba de ello es que en la estación de Ingahuasi se puede leer la inscripción: “1921- Ingahuasi -  F.C.H.A”, que significa Ferrocarril Central Huancayo – Ayacucho.

 

 

Manchego Muñoz defendió tenazmente el desvío del ferrocarril hacia Huancavelica aduciendo, entre sus argumentos más contundentes, que de Huancavelica se iba a transportar oro, plata y minerales, mientras que de Ayacucho, qué se traería, ¿acaso tunas?

Siendo aún Presidente del Perú Augusto B. Leguía y, Ministro de Fomento, Celestino Manchego Muñoz, se inauguró el ferrocarril Huancayo – Huancavelica el 24 de octubre de 1926 y desde entonces, salvo obligadas paralizaciones de índole logística, el tren Macho cumple una función social al unir Huancayo con Huancavelica, una región donde la postergación, la falta de buenas vías de comunicación y su ruda geografía juegan en contra de su desarrollo. Es gracias a este tren que muchos pueblos huancavelicanos tienen fácil acceso a la ciudad de Huancayo y a la capital misma.

 

Turismo y túneles

Pero esa no es la única función que cumple, está también de por medio el tema turístico. Recorrer los Andes centrales en el Tren Macho se ha convertido en un atractivo turístico, ya que se convierte en una excelente vitrina para exhibir toda la riqueza paisajística de Huancavelica, a la vez que permite a los viajeros sumergirse en la cultura viva de esa región.  Hay todo un trasfondo cultural de relaciones sociales y tradiciones que se dan con el paso del tiempo. A pesar de existir la carretera Huancayo – Huancavelica, viajar en el Tren Macho es una experiencia enriquecedora.

 

Su recorrido es de 128 kilómetros, que son cubiertos en cinco horas. Parte todos los días de la estación Chilca (Huancayo), a las 6:30 a.m., para llegar a Huancavelica al mediodía. Retorna a las 2 p.m. y arriba a Huancayo a las 7:30 p.m. Va en paralelo al río Mantaro hasta La Mejorada y de allí cuesta arriba en paralelo al río Ichu. En su trayecto atraviesa 38 túneles y 15 puentes, hace paradas en las estaciones de Tellería, Izcuchaca, La Mejorada,  Acoria y Yauli.

 

En el Tren Macho pueden viajar diariamente 370 pasajeros, instalados en vagones de Primera clase (nueve soles el pasaje) y vagones bufet (trece soles el pasaje), con servicio de restaurante a bordo. Sin embargo, en cada parada del tren suben a los vagones vendedores formales de choclo con queso, bizcochuelos, papa con queso, bebidas locales y los más exquisitos y crocantes chicharrones –con mote o con cancha– que el paladar pueda saborear.

 

Para redondear la experiencia de un viaje espectacular a bordo del casi mítico Tren Macho, una recomendación final: viaje un fin de semana y disfrutará de la feria sabatina de Huancavelica. ¡Una verdadera sinfonía de colores! Jovencitas campesinas luciendo sombreros adornados con diferentes flores, lo que significa que son casaderas; campesinos con sombreros adornados con borlas multicolores que, según su color, indican su estado civil. En esta hermosa feria, el turista puede comprar los vistosos “maquitos”, que son una especie de mangas tejidas en lana, con diseños multicolores, que se usan para cubrir los brazos y también los tobillos. Producción totalmente artesanal y hecha con muy buen gusto.

 

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