¿Por qué no promueven la salud para combatir el COVID?

 

Autor:Dr. Joseph Mercola

HISTORIA EN BREVE
Es probable que el SARS-CoV-2 haya llegado para quedarse, por lo que tenemos que aprender a vivir con él. Al observar cómo la obesidad aumenta el riesgo de enfermedad grave y muerte por COVID-19, la mejor opción es perder peso y mejorar la salud general a través de hábitos alimenticios saludables y ejercicio


Incluso los casos leves de obesidad podrían agravar el COVID-19. Las personas con obesidad leve tienen un riesgo 2.5 veces mayor de sufrir insuficiencia respiratoria y un riesgo cinco veces mayor de ingresar a una unidad de cuidados intensivos (UCI) en comparación con las personas sin obesidad.

La inflamación causada por la obesidad podría causar un riesgo tres veces mayor de sufrir una embolia pulmonar (coágulos de sangre en los pulmones) en personas con obesidad y COVID-19

La mala síntesis de lípidos que provoca la obesidad podría complicar la inflamación en los pulmones, lo que contribuye a una enfermedad más grave cuando hay infecciones virales respiratorias

Los alimentos procesados, sodas y la comida chatarra son los principales culpables de la obesidad y las enfermedades crónicas, los cuales son un factor sustancial en las muertes por COVID-19

Es lamentable que los funcionarios y autoridades de salud, en general, ignoren por completo la importancia que tiene un estilo de vida saludable en la pandemia del COVID-19, al enfocarse en la creación de una vacuna.

De acuerdo con la agencia de noticias Reuters, el gobierno de Estados Unidos planeaban lanzar una campaña de vacunación para combatir el COVID-19 en noviembre. Se citó a un "alto funcionario de la administración de la Casa Blanca", cuyo nombre no fue revelado, por decir lo siguiente:

"Esto está haciendo que el pueblo de los Estados Unido se emocione mucho con las vacunas y se pierdan las expectativas de tener solamente reservas de vacunas guardadas cuando muchas personas las rechazan. Es posible que no escuche mucho sobre las vacunas en agosto y septiembre, pero habrá un exceso de información en noviembre".20 COVID 2

Sin embargo, ¿las vacunas son la respuesta que esperamos? Muchas personas han aceptado que los tapabocas llegaron para quedarse hasta que haya una vacuna, mientras que vacunarse significaría el fin del uso de tapabocas obligatorio.

Teniendo en cuenta el hecho de que ni los tapabocas ni las vacunas ofrecen una protección significativa frente al virus, es probable que dichas esperanzas desaparezcan. Maria Elena Bottazzi, desarrolladora de la vacuna del COVID-19 en Baylor College of Medicine, advirtió que es probable que se necesite el distanciamiento social y los tapabocas incluso después de que la vacuna esté disponible, ya que la vacuna no ofrecerá una protección total frente a la infección.

Así que, no se deje engañar. Las vacunas se agregarán a lo que estamos haciendo ahora, no serán un reemplazo. Incluso la directora ejecutiva de Moderna, Stephanie Bancel, declaró que, si la vacuna alcanza el 90 % de efectividad, que es una proyección muy optimista, las personas con problemas de salud de alto riesgo deberán continuar usando tapabocas.

Además de no eliminar la "necesidad" de utilizar tapabocas y el distanciamiento social en el futuro, las nuevas vacunas de ARNm que se están desarrollando para combatir el COVID-19 también podrían causar un desastre de trastornos autoinmunes. Para mayor información, consulte mi artículo "Bill Gates intenta justificar los efectos secundarios de la vacuna creada apresuradamente".

El SARS-CoV-2 llegó para quedarse
El 4 de agosto de 2020 The Atlantic declaró la verdad en el artículo: "The Coronavirus Is Never Going Away":

"Si alguna vez hubo un momento en el que se pudo contener este coronavirus, quizás ya pasó. Es probable que este virus nunca desaparezca y que tengamos que vivir con él por el resto de nuestras vidas.

¿Cuál es el futuro del COVID-19? Yonatan Grad asevera que ello dependerá de la fuerza y la duración de la inmunidad contra el virus. Grad, un investigador de enfermedades infecciosas en Harvard y sus colegas, han desarrollado algunas trayectorias posibles.

Si la inmunidad dura solo unos meses, podría haber brotes más pequeños cada año. Si la inmunidad dura más de dos años, el COVID-19 podría regresar cada dos años.

En el SARS, los anticuerpos disminuyen después de dos años. Los anticuerpos de otros coronavirus que causan resfriados comunes se desvanecen en un año. Explico Grand: "Cuanto más rápido desaparece la inmunidad, más difícil es que cualquier proyecto avance hacia la erradicación".

Muchos de los que se han aislado durante meses y usan tapabocas en todos lados no querrán escuchar esto. Si el virus no desaparece sin importar lo que hagamos, entonces solo existen dos opciones: continuar con el distanciamiento social y los tapabocas por el resto de nuestros días, o volver a la vida como era antes del COVID, cuando las temporadas de influenza regresaban.


El mundo después del COVID debe enfocarse en optimizar la salud
Para muchos ninguna de estas opciones es satisfactoria. Sin embargo, son una realidad. Es poco probable que el COVID-19 se erradique y, si aún no lo ha padecido, es muy probable que se contagie en algún momento.

Enfrentar la realidad es la mejor manera de avanzar, y eso significa cambiar sus hábitos alimenticios por medio de la alimentación y el ejercicio. No podemos escondernos de este virus, por la sencilla razón de que no podemos dejar de respirar.
En la actualidad, aún no está claro si puede contagiarse más de una vez, pero si ese es el caso, es probable que la temporada de gripe también incluya la posibilidad de brotes de COVID-19.

Enfrentar la realidad es la mejor manera de avanzar, y eso significa cambiar sus hábitos alimenticios por medio de la alimentación y el ejercicio. No podemos escondernos de este virus, por la sencilla razón de que no podemos dejar de respirar.

En este punto, vale la pena recordar que la vida implica el riesgo de enfermedad y muerte. Cada día de su vida, se enfrenta a la posibilidad de una enfermedad, ya sea una enfermedad infecciosa o crónica.

Cada año se ha enfrentado a la posibilidad de contagiarse influenza. Puede ser un caso leve o uno realmente grave. Quizás nunca haya considerado distanciarse durante meses y dejar de hacer las cosas que ama por temor a enfermarse y morir.

A pesar de que ha aumentado la aceptación a las vacunas contra la influenza estacional por varios mandatos, la influenza continúa circulando y afecta a un gran número de personas vacunadas al año. La influenza no se ha erradicado y se ha demostrado que la vacuna ofrece muy poca protección contra ella.

Es muy probable que esto suceda también con el COVID-19. La buena noticia es que, al igual que con la influenza, las posibilidades de mantenerse bien, o solo tener un caso leve, dependen de la función inmunológica, y esto es algo que se puede solucionar.

La obesidad es un factor de riesgo significativo en los casos graves de COVID-19
Ahora tenemos una cantidad significativa de información que demuestra que ciertas comorbilidades aumentan el riesgo de enfermedad grave por COVID-19 y muerte. Entre las principales se encuentra la obesidad, por lo que perder peso ayudará a reducir el riesgo.

En el Reino Unido, la obesidad es un objetivo como parte de la estrategia para prevenir el coronavirus. En un anuncio reciente, el primer ministro Boris Johnson dijo que busca prohibir la publicidad de comida chatarra en la televisión antes de las 9 de la noche y limitar las promociones en los supermercados. Los anuncios de alimentos no saludables podrían estar prohibidos.

La decisión de Johnson fue en gran parte influenciada por su propia pelea contra el COVID-19, que él considera que se vio afectada por su exceso de peso. Varios estudios apoyan su sospecha. Como se señaló en la edición del 13 de julio de 2020 del Journal of Virology:

"A lo largo de los años, los humanos han adoptado estilos de vida sedentarios, los patrones alimenticios han cambiado y ahora las personas tienen una mala alimentación. La sobrealimentación ha provocado muchas anormalidades metabólicas que no solo contribuyen a dicho comportamiento metabólico si no que perjudican la inmunidad innata y adaptativa de las personas.

Las malas respuestas inmunológicas y la inflamación crónica en microambientes con enfermedades metabólicas proporcionan las condiciones ideales para que los virus se aprovechen de las células y mejoren la patogenia viral".

Funcionarios de esta ciudad estadounidense instan a sus habitantes a perder peso
En Estados Unidos, pocos funcionarios se han enfocado en el problema. La ciudad de Huntington en Nueva York se destaca como una excepción, ya que los funcionarios de esta ciudad han fomentado que los 200 000 residentes "cambien sus hábitos alimenticios porque [con] el COVID-19, se tiene el doble de probabilidades de tener un mal resultado si se padece de obesidad".

Como señaló Maher, la obesidad siempre nos ha matado lentamente. "Junto con el COVID, puede matar más rápido", explica, y añade lo siguiente:

"¿Por qué no crear una campaña para informar a las personas sobre los peligros de los productos repletos de azúcar y químicos? ¿Por qué no hacer una campaña para llevar alimentos a los barrios más pobres? ¿No sería bueno por cada anuncio de tapabocas hacer uno también para comer saludable?

Creo que se podrían haber salvado muchas vidas si al comienzo de esta crisis el sector de salud hubiera tratado de informar a las personas que 'Mientras permanecen en casa y obtienen dinero del gobierno, es necesario hacer algo al respecto'. Ya que incluso la persona más pobre podría reemplazar las sodas por agua.

Una campaña nacional para mejorar la salud podría haber mejorado las posibilidades de combatir esta enfermedad [y] hacernos sentir mejor con nosotros mismos. Pero nunca se mencionó, y no podemos permitir que se continúe ignorando la positividad corporal, ya que es un tema demasiado importante".

La industria alimentaria debe mejorar
Esperemos que Estados Unidos sega los pasos del Reino Unido y tome las medidas para eliminar los anuncios de comida chatarra. Está claro que, la publicidad funciona y no ayuda a tomar las decisiones correctas para la salud. Mientras tanto, sería prudente hacer algo al respecto.

No hay duda de que los alimentos procesados, los refrigerios y las sodas son los culpables de las tasas de obesidad y enfermedades crónicas que también aumentan el riesgo de muerte por COVID-19. Como tal, deberían ser los primeros en ser eliminados de su alimentación en el futuro.

Si algo bueno puede resultar de esta pandemia, sería reconocer el impacto que la obesidad tiene en las enfermedades crónicas y en los contagios virales como el SARS-CoV-2.20 COVID 3

En un reciente artículo publicado en la revista BMJ se destacó, que tanto la alimentación como la influencia que la industria de alimentos procesados, contribuyeron con la pandemia del COVID-19:

"Ahora está claro que la industria alimentaria comparte la culpa de la pandemia de la obesidad y de las complicaciones por COVID-19 junto con sus devastadoras consecuencias.

Durante la pandemia del COVID-19, el aumento en la pobreza alimentaria, las interrupciones en las cadenas de suministro y las compras de pánico podrían causar que las personas no consuman alimentos frescos, lo que inclina la balanza hacia un mayor consumo de alimentos procesados y con una longevidad que conlleva grandes cantidades de sal, azúcar y grasas saturadas.

Además, desde que comenzó la pandemia del COVID-19 la industria alimentaria ha creado campañas e iniciativas de responsabilidad social corporativa, con técnicas ocultas que utilizan el brote como una oportunidad para comercializar productos (ofrecen medio millón de "sonrisas" en forma de donas para el personal del SNS)".

Se le pidió a la industria alimentaria que deje de promover alimentos y bebidas poco saludables, y a los gobiernos que obliguen a todos a crear una nueva fórmula de hacer los alimentos para mejorar la salud. A través de las investigaciones que demuestran que la obesidad duplica el riesgo de ser hospitalizado por COVID-19, los autores señalaron lo siguiente:

"Estos hallazgos sugieren que modificar el estilo de vida podría ayudar a reducir el riesgo de COVID-19 y podría ser un complemento ideal para otras disposiciones, tales como el distanciamiento social y las medidas preventivas para no entrar en la categoría de alto riesgo".

En un conjunto de datos de 265 pacientes con COVID-19, se encontró que los pacientes jóvenes con obesidad presentaban más complicaciones; por lo que los investigadores de la Universidad Johns Hopkins sugirieron que este puede ser un factor para trasladar la carga de COVID-19 a las personas más jóvenes.

La obesidad leve aumenta el riesgo de COVID-19
De acuerdo con una investigación reciente, incluso la obesidad leve puede influir en la gravedad del COVID-19.

Los investigadores de la Universidad Alma Mater Studiorum de Bolonia en Italia analizaron a 482 personas con COVID-19 que fueron hospitalizadas entre el 1 de marzo y el 20 de abril de 2020 y concluyeron que "la obesidad fue un factor de riesgo fuerte de insuficiencia respiratoria en la admisión a la unidad de cuidados intensivos (UCI) y por muerte entre las personas con COVID-19".

Al utilizar el índice de masa corporal (IMC) para definir la obesidad, los investigadores encontraron un mayor riesgo de infección severa de COVID-19 con un IMC de 30, que se considera obesidad "leve" (mientras que un IMC entre 25 y 29.9 se considera como sobrepeso). El autor principal del estudio, el Dr. Matteo Rottoli, explicó lo siguiente en un comunicado de prensa:

"Los profesionales de la salud deben comprender que las personas con cualquier grado de obesidad, no solo las personas con obesidad severa, son una población en riesgo.

Se debe tener más precaución en las personas que estén hospitalizadas por COVID-19 y que padezcan de obesidad, ya que es probable que experimenten insuficiencia respiratoria más rápido y deban ingresar a cuidados intensivos".

Las personas con obesidad leve tienen un riesgo 2.5 veces mayor de sufrir insuficiencia respiratoria y un riesgo cinco veces mayor de ingresar a la UCI en comparación con las personas sin obesidad. Las personas con un IMC mayor a 35 tenían una probabilidad 12 veces mayor de morir por COVID-19.

"Mientras que un IMC ≥ 30 kg/m2 significa que existe un alto riesgo de enfermedad grave, un IMC ≥ 35 kg/m2 incrementa el riesgo de muerte", explicaron los investigadores.

El riesgo de muerte aumenta junto con el peso
En un informe de julio de 2020 de Public Health England en donde también se revisan investigaciones que demuestran cómo el exceso de peso afecta los resultados de COVID-19. Por ejemplo, en una revisión sistemática encontró que, en comparación con las personas de peso saludable, las personas con un IMC superior a 25:

Eran 3.68 veces más propensos a morir
Eran 6.98 veces más propensos a necesitar asistencia respiratoria
Eran 2.03 veces propensos a sufrir una enfermedad severa
El informe también destaca datos que demuestran que el riesgo de hospitalización, tratamiento de cuidados intensivos y muerte aumentan al tener un IMC alto. Un factor probable de cómo la obesidad incrementa los riesgos durante las infecciones virales, es debido a la inflamación crónica de bajo grado.

También se cree que la inflamación provocada por la obesidad es responsable del riesgo de embolia pulmonar (coágulos de sangre en los pulmones) que se observa en personas con COVID-19 y obesidad.

La mala síntesis de lípidos, que provoca la obesidad puede complicar la inflamación en los pulmones, lo que contribuye a una enfermedad más grave cuando hay infecciones virales respiratorias.

Además de eso, el exceso de peso corporal y la deposición de grasa alrededor de los órganos internos ejercen presión sobre el diafragma, lo que dificulta la respiración cuando se tiene una infección respiratoria. Otros mecanismos por los cuales la obesidad podría aumentar la gravedad de COVID-19 incluyen los siguientes:

Mayor resistencia a la leptina y lipotoxicidad, ya que cuando los lípidos se acumulan, es probable que los virus aprovechen para entrar y reproducirse
Y esto genera inflamación sistémica crónica y propensión a una tormenta de citoquinas

Bajar de peso reduciría el riesgo de COVID-19
Hay que recordar que sí padece obesidad, aunque sea leve, es importante bajar a un peso saludable para ayudar a prevenir enfermedades virales, incluyendo el COVID-19. Bajar de peso también lo ayudará a evitar otros problemas de salud relacionados con la obesidad, como la diabetes, la presión arterial alta y las enfermedades cardíacas, todo lo cual, aumenta el riesgo de sufrir complicaciones por COVID-19 y muerte.

De acuerdo con un estudio realizado por The Istituto Superiore di Sanità, la autoridad sanitaria nacional de Italia, se reportó que más del 99 % de las muertes por COVID-19 ocurrió en personas con afecciones médicas subyacentes. Entre las personas fallecidas, el 76.1 % tenía presión arterial alta, el 35.5 % padecía diabetes y el 33 % presentaba alguna enfermedad cardíaca.

Una de las estrategias más poderosas para optimizar su peso es restringir su período de alimentación entre 6 a 8 horas, y no consumir alimentos al menos tres horas antes de acostarse. Esto se conoce como alimentación con restricción de tiempo y es ideal para reducir la resistencia a la insulina y restaurar la flexibilidad metabólica.

Con respecto a las recomendaciones alimenticias, mi experiencia es consistente con una alimentación cetogénica cíclica que es muy efectiva para restaurar la flexibilidad metabólica y reducir la resistencia a la insulina.

Esto implica limitar los carbohidratos (al remplazarlos con grasas saludables y cantidades moderadas de proteínas) hasta que se acerque o alcance su peso ideal, ya que esto le permitirá comenzar a quemar grasa como combustible y aumentar la sensibilidad de los receptores de insulina.

La mayoría de las personas usan carbohidratos como su principal fuente de combustible (gracias al consumo excesivo y frecuente de carbohidratos). Han perdido la capacidad de quemar grasa como combustible, lo que a su vez conduce a disfunción metabólica, resistencia a la insulina y aumento de peso. Una vez que haya recuperado su peso ideal, podrá incluir poco a poco carbohidratos varias veces a la semana.

Recomiendo leer mi libro Contra el cáncer durante la pandemia, ya que el COVID-19 puede motivarlo a aplicar sus recomendaciones para mejorar su metabolismo.

Haga ejercicio cada semana y aumente el movimiento físico durante las horas de ayuno, con el objetivo de no permanecer sentado más de tres horas al día. Duerma lo suficiente (ocho horas para la mayoría de los adultos) y cuide su salud emocional, ya que ambos son factores importantes que pueden influir en el peso, la salud general y la función inmunológica.

El estrés crónico, por ejemplo, podría incrementar su riesgo de acumular grasa visceral con el tiempo, lo que significa que manejar sus niveles de estrés es muy importante para mantener su peso ideal. Tomar medidas para llevar un estilo de vida saludable en general tendrá un efecto positivo, lo que le ayudará a alcanzar un peso saludable y al mismo tiempo reforzará su resistencia contra las infecciones y enfermedades.

 Fuentes y Referencias

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